Si hay algo a destacar de Mariano Rajoy, es que es muy gallego en su conducta. Y no empleo el término en sentido peyorativo sino con referencia a rasgos de personalidad identificados con lo genético.
Su rueda de prensa después de haber visto la aprobación previsible de los Presupuestos 2011 y la sorpresa suya de la remodelación profunda del equipo ministerial, demostró una vez más que Mariano Rajoy no sabe estar a la altura de las circunstancias cuando el adversario le pilla desprevenido. Aunque quiera, como buen gallego, ser enigmático y opaco con sus parcas palabras, su lenguaje no verbal no puede ocultar su malestar interior. De nuevo, el líder de la oposición se ha equivocado subestimando al adversario en los momentos bajos del contrincante. Otra vez, ha medido mal sus tiempos y el otro le ha ganado sorprendiendo.
Un Mariano Rajoy inteligente que crece con el trato a distancia corta, o está mal asesorado por los gurús de imagen y sociología que le rodean, o es que ha caído en el error de no ‘desaprender’ su mala escuela comunicativa vinculada a sus raíces gallegas. Aquél que aspira a ocupar la Presidencia de Gobierno de España no puede estancarse en logros comunicativos pasados sino que debe emprender una transformación hacia el reto futuro, caso que llegue a La Moncloa.
Hoy, D. Mariano sabe que lo tiene más cuesta arriba rebatir a un tándem comunicativo más sólido y creíble en el bando contrario. ¿Se aplicará para cambiar esa imagen de blandura y opacidad a tiempo?
Fernando Fuster-Fabra Fdz.
Experto en Comunicación Estratégica
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